Al principio de 2019 se preveían nuevas fusiones bancarias debido a la situación económica desfavorable a nivel global. Lo que de inicio fue como decimos una previsión es hoy en día una evidencia, entre otros factores porque el BCE acaba de anunciar que se mantienen los tipos de interés hasta nueva orden, noticia que afecta de lleno a la cuenta de resultados de las entidades bancarias.

Si leemos la prensa especializada en economía, nos encontraremos con noticias que sitúan posibles fusiones de Bankia-Sabadell, Liberbank-Unicaja, Abanca-Cajamar. Algunos incluso aseguran que tras las fusiones quedarías solo seis entidades bancarias.

Para dichas entidades bancarias el hecho de fusionarse significa ganar en tamaño para poder acceder a nuevos mercados y también reducir costes gracias al cierre de oficinas. Ambos conceptos dan lugar al esperado incremento de rentabilidad.

Repercusión en los clientes

Tanto para clientes particulares como para empresas existe el problema de que las pocas entidades que queden funcionen como un oligopolio más visible que el actual, estableciendo entre ellas tarifas y comisiones pactadas y más beneficiosas que el escenario de feroz competitividad de hace unos años, en donde primaba la captación de clientes.

Las empresas pueden sufrir una disminución en la financiación ofrecida por las entidades financieras debido a que si una misma sociedad se nutría de recursos por dos bancos que se fusionan es muy probable que tras dicho proceso se reduzca lo que inicialmente tenían. Esto puede expandir un sector alza como es el de la banca alternativa, el cual se ve beneficiado por el perjuicio que en las empresas crea la disparidad de criterios de riesgo de las entidades fusionadas.

En cuanto a clientes particulares la principal repercusión puede ser el cierre de oficinas y la consiguiente dificultad sobre todo en entornos rurales para resolver problemas de manera presencial en las sucursales. La fuerte inversión en digitalización de los últimos años de la banca no ayuda tampoco a esta desventaja.

Por estas y por otras razones podemos afirmar que las fusiones podrán beneficiar a las entidades financieras, pero desde luego no a quienes acuden a ellas, ni a clientes ni a empleados.

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